Mientras ellos crecen, yo tambien: emprender con bebés y no morir en el intento

La historia real de criar hijos… y proyectos que también necesitan paciencia y amor infinito.

Hay etapas en la vida que se sienten como un deporte extremo: por ejemplo, emprender con bebés. Ese momento en el que tus días se dividen entre biberones, juntas por Zoom, siestas de 30 minutos, clientes pidiendo “un pequeño cambio” y un pequeñito humano que te necesita absolutamente para todo. Es un caos hermoso. Una locura que solo entiende quien la vive. Una temporada con tanto miedo como emoción, con tanto cansancio como alegría. Porque cuando tienes bebés humanos y bebés negocios creciendo a la par, descubres que la maternidad y el emprendimiento no son mundos separados… son dos niños que estás criando al mismo tiempo.

Los retos: las cosas que nadie te dijo

Emprender con un bebé no es solo difícil: es profundamente transformador.

  1. No hay horarios fijos (para ninguno de los dos) Los bebés no saben de deadlines.
    Los negocios tampoco. Así que terminas viviendo en una mezcla rara entre lactancia, reuniones improvisadas y noches que se convierten en madrugadas productivas.
  1. La culpa aparece más que el café. Cuando trabajas, sientes que deberías estar con tu bebé. Cuando estás con tu bebé, piensas en lo que tu negocio necesita.
    Y así naces tú: una funambulista emocional caminando en una cuerda floja que nunca se detiene.
  1. La carga mental se multiplica por mil. Pañales, vacunas, proveedores, finanzas, citas del pediatra, contratos, compras del súper, revisiones del banco… La cabeza nunca para. Y es normal sentirse drenada, abrumada o cuestionarse si realmente se puede con todo.
  1. El miedo es un compañero silencioso Miedo a fallar.
    Miedo a no llegar. Miedo a no estar “suficientemente presente” en ninguno de los dos mundos.Pero ahí está la magia: sigues. Siempre sigues.

Las alegrías: los pequeños grandes premios. Porque sí: hay momentos que hacen que todo valga la pena.

  1. Verlos crecer… a los dos. Tu bebé sostiene la cabeza por primera vez. Tu negocio consigue su primer cliente grande. Tu bebé da el primer paso. Tu proyecto llega a una meta que soñaste. Todo pasa en paralelo y tú lloras, ríes y celebras doble.
  2. Aprendes a ser más creativa y más fuerte que nunca. La maternidad te vuelve ingeniosa: respondes correos mientras meces una cuna, haces propuestas con un bebé dormido en tu pecho, y aprendes a trabajar en bloques microscópicos de tiempo. Descubres que la creatividad no solo vive en tu negocio… también en tu capacidad de improvisar la vida.
  1. Te vuelves la protagonista de tu propia historia Ya no emprendes solo para crecer profesionalmente. Emprendes para construir un futuro, un legado, un ejemplo que tus hijos puedan ver. Y eso le cambia el sabor a todo.
  1. Ellos se convierten en tu motor. Hay días en los que te sientes agotada… muchos… pero miras esa cara chiquita, ese gesto dulce, ese abrazo inesperado, y recuerdas exactamente por qué estás luchando.

Los hitos que celebras como si fueran cumpleaños

Criar a un bebé humano y uno empresarial se parece más de lo que pensamos:

Ambos requieren:

  • paciencia infinita,
  • rutinas flexibles,
  • inversión emocional,
  • noches de desvelo,
  • días de incertidumbre
    y una fe que no cabe en el cuerpo.

Ambos te obligan a crecer. A elegir. A renacer. A confiar en tu intuición incluso cuando el mundo dice lo contrario. Y los hitos… ¡ay, los hitos! Ese primer “mamá”, ese primer depósito, ese primer paso, esa primera factura pagada, ese primer “lo logramos”. Todo se celebra como quien apaga velitas: con ilusión y con el corazón lleno.

Encontrar el balance (aunque a veces se sienta como un mito)

El balance no es tenerlo todo bajo control. Es saber que hay días de caos, días de calma y días de risa nerviosa. Es aceptar que algunas semanas tu bebé negocio crece más rápido que tu bebé humano, y otras semanas pasa lo contrario… y está bien. El balance no es perfecto. Tampoco es simétrico. Es un acuerdo contigo misma: “Hoy hago lo que puedo con el corazón que tengo.” Y eso, querida mamá-emprendedora, es suficiente.

Al final… Emprender con bebés no es fácil. Pero tampoco es imposible. Es un acto de amor, de valentía y de liderazgo emocional. Tú no estás criando solo hijos. Estás creando un proyecto, una visión, una historia que tus hijos algún día verán con orgullo. Y aunque a veces te sientas agotada, desbordada o al borde del llanto, recuerda esto: No estás fallando. Estás creciendo. Tú y tus dos bebés.

¡Déjanos tu comentario! Queremos saber tu opinión. 😊

Carrito de compra
Scroll al inicio