El procesamiento sensorial es la forma en que el cerebro de tu hijo entiende y responde a lo que siente a través de los sentidos: vista, olfato, tacto, gusto, oído, y también el equilibrio y la percepción del cuerpo en el espacio.
Este proceso es muy importante porque ayuda a los niños a adaptarse al mundo que los rodea, a aprender, moverse, hablar, y hacer sus actividades diarias.
A veces, este procesamiento no funciona del todo bien, y es común que los padres lo noten desde pequeños. Algunos niños pueden reaccionar de forma diferente a ciertos sonidos, luces o texturas, o tener dificultades para moverse o usar sus manos con precisión.
¿Cómo saber si mi hijo tiene dificultades con el procesamiento sensorial?
Algunas señales que puedes observar incluyen:
1. Reacciones muy fuertes a ciertos estímulos (hipersensibilidad):
Se tapa los oídos con ruidos normales.
No le gusta cómo se sienten algunas telas o etiquetas.
Le molestan las luces fuertes.
Se asusta fácilmente con ruidos o movimientos.
2. Reacciones muy bajas o búsqueda de estímulos (hiposensibilidad):
Parece no notar si se golpea o se cae.
Siempre quiere tocar todo.
Le gustan los sonidos muy fuertes.
Se mueve constantemente y no mide bien el peligro.
3. Busca constantemente sensaciones (búsqueda sensorial):
Muerde o huele objetos.
Se lanza contra muebles u otras personas.
Gira sobre sí mismo o adopta posturas extrañas.
4. Dificultades para moverse o coordinarse:
Se cae o tropieza con frecuencia.
Tiene problemas para mantener el equilibrio.
Le cuesta aprender movimientos como saltar o abotonarse la ropa.
5. Problemas de conducta o emociones:
Se frustra con facilidad.
Le cuesta seguir instrucciones.
Evita lugares nuevos o se pone ansioso en ciertas situaciones.
Si notas una o varias de estas conductas en tu hijo, es importante buscar ayuda. Un terapeuta ocupacional especializado en procesamiento sensorial puede evaluar a tu hijo y crear un plan para ayudarlo a mejorar.
Por: Desirée Rivero M.A.